...E quando ci domanderanno che cosa stiamo facendo,
tu potrai rispondere loro: Noi ricordiamo.
Ecco dove alla lunga avremo vinto noi.
E verrà il giorno in cui saremo in grado di ricordare
una tal quantità di cose che potremo costruire
la più grande scavatrice meccanica della storia e scavare,
in tal modo, la più grande fossa di tutti i tempi,
nella quale sotterrare la guerra.
Ray Bradbury, Fahrenheit 451
Mensaje del líder cubano
Página/12, Miércoles, 20 de Febrero de 2008
Queridos compatriotas:
Les prometí el pasado viernes 15 de febrero que en la próxima reflexión abordaría un tema de interés para muchos compatriotas. La misma adquiere esta vez forma de mensaje.
Ha llegado el momento de postular y elegir al Consejo de Estado, su presidente, vicepresidentes y secretario.
Desempeñé el honroso cargo de presidente a lo largo de muchos años. El 15 de febrero de 1976 se aprobó la Constitución Socialista por voto libre, directo y secreto de más del 95% de los ciudadanos con derecho a votar. La primera Asamblea Nacional se constituyó el 2 de diciembre de ese año y eligió el Consejo de Estado y su presidencia. Antes había ejercido el cargo de primer ministro durante casi 18 años. Siempre dispuse de las prerrogativas necesarias para llevar adelante la obra revolucionaria con el apoyo de la inmensa mayoría del pueblo.
Conociendo mi estado crítico de salud, muchos en el exterior pensaban que la renuncia provisional al cargo de presidente del Consejo de Estado el 31 de julio de 2006, que dejé en manos del primer vicepresidente, Raúl Castro Ruz, era definitiva. El propio Raúl, quien adicionalmente ocupa el cargo de ministro de las F.A.R. por méritos personales, y los demás compañeros de la dirección del partido y el Estado, fueron renuentes a considerarme apartado de mis cargos a pesar de mi estado precario de salud.
Era incómoda mi posición frente a un adversario que hizo todo lo imaginable por deshacerse de mí y en nada me agradaba complacerlo.
Más adelante pude alcanzar de nuevo el dominio total de mi mente, la posibilidad de leer y meditar mucho, obligado por el reposo. Me acompañaban las fuerzas físicas suficientes para escribir largas horas, las que compartía con la rehabilitación y los programas pertinentes de recuperación. Un elemental sentido común me indicaba que esa actividad estaba a mi alcance. Por otro lado me preocupó siempre, al hablar de mi salud, evitar ilusiones que, en el caso de un desenlace adverso, traerían noticias traumáticas a nuestro pueblo en medio de la batalla. Prepararlo para mi ausencia, sicológica y políticamente, era mi primera obligación después de tantos años de lucha. Nunca dejé de señalar que se trataba de una recuperación “no exenta de riesgos”.
Mi deseo fue siempre cumplir el deber hasta el último aliento. Es lo que puedo ofrecer.
A mis entrañables compatriotas, que me hicieron el inmenso honor de elegirme en días recientes como miembro del Parlamento, en cuyo seno se deben adoptar acuerdos importantes para el destino de nuestra Revolución, les comunico que no aspiraré ni aceptaré –repito–, no aspiraré ni aceptaré el cargo de presidente del Consejo de Estado y comandante en jefe.
En breves cartas dirigidas a Randy Alonso, director del programa Mesa Redonda de la Televisión Nacional, que a solicitud mía fueron divulgadas, se incluían discretamente elementos de este mensaje que hoy escribo, y ni siquiera el destinatario de las misivas conocía mi propósito. Tenía confianza en Randy porque lo conocí bien cuando era estudiante universitario de periodismo, y me reunía casi todas las semanas con los representantes principales de los estudiantes universitarios, de lo que ya era conocido como el interior del país, en la biblioteca de la amplia casa de Kohly, donde se albergaban. Hoy todo el país es una inmensa universidad.
–Párrafos seleccionados de la carta enviada a Randy el 17 de diciembre de 2007:
“Mi más profunda convicción es que las respuestas a los problemas actuales de la sociedad cubana, que posee un promedio educacional cercano a 12 grados, casi un millón de graduados universitarios y la posibilidad real de estudio para sus ciudadanos sin discriminación alguna, requieren más variantes de respuesta para cada problema concreto que las contenidas en un tablero de ajedrez. Ni un solo detalle se puede ignorar, y no se trata de un camino fácil, si es que la inteligencia del ser humano en una sociedad revolucionaria ha de prevalecer sobre sus instintos.
“Mi deber elemental no es aferrarme a cargos, ni mucho menos obstruir el paso a personas más jóvenes, sino aportar experiencias e ideas cuyo modesto valor proviene de la época excepcional que me tocó vivir.
“Pienso como Niemeyer que hay que ser consecuente hasta el final.”
Carta del 8 de enero de 2008:
“...Soy decidido partidario del voto unido (un principio que preserva el mérito ignorado). Fue lo que nos permitió evitar las tendencias a copiar lo que venía de los países del antiguo campo socialista, entre ellas el retrato de un candidato único, tan solitario como a la vez tan solidario con Cuba. Respeto mucho aquel primer intento de construir el socialismo, gracias al cual pudimos continuar el camino escogido.”
“Tenía muy presente que toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”, reiteraba en aquella carta.
Traicionaría por tanto mi conciencia ocupar una responsabilidad que requiere movilidad y entrega total que no estoy en condiciones físicas de ofrecer. Lo explico sin dramatismo.
Afortunadamente nuestro proceso cuenta todavía con cuadros de la vieja guardia, junto a otros que eran muy jóvenes cuando se inició la primera etapa de la Revolución. Algunos casi niños se incorporaron a los combatientes de las montañas y después, con su heroísmo y sus misiones internacionalistas, llenaron de gloria al país. Cuentan con la autoridad y la experiencia para garantizar el reemplazo. Dispone igualmente nuestro proceso de la generación intermedia que aprendió junto a nosotros los elementos del complejo y casi inaccesible arte de organizar y dirigir una revolución.
El camino siempre será difícil y requerirá el esfuerzo inteligente de todos. Desconfío de las sendas aparentemente fáciles de la apologética, o la autoflagelación como antítesis. Prepararse siempre para la peor de las variantes. Ser tan prudentes en el éxito como firmes en la adversidad es un principio que no puede olvidarse. El adversario a derrotar es sumamente fuerte, pero lo hemos mantenido a raya durante medio siglo.
No me despido de ustedes. Deseo solo combatir como un soldado de las ideas. Seguiré escribiendo bajo el título “Reflexiones del compañero Fidel”. Será un arma más del arsenal con la cual se podrá contar. Tal vez mi voz se escuche. Seré cuidadoso.
Gracias
Publicado en el diario cubano Granma.
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Fidel Castro renuncia a la presidencia de Cuba
EL HOMBRE QUE LIDERO LA REVOLUCION DURANTE 50 AÑOS ANUNCIA UNA NUEVA ETAPA
El líder cubano no aspirará ni aceptará el cargo de presidente del Consejo de Estado ni de comandante en jefe debido a su frágil salud. “Mi deseo fue cumplir el deber hasta el último aliento”, dijo. Su decisión llega cinco días antes de que la nueva Asamblea Nacional se reúna para elegir al próximo jefe de Estado. Se prevé que sea para Raúl Castro.
Página/12, Miércoles, 20 de Febrero de 2008
La Habana baila a su propio ritmo y ayer volvió a demostrarlo. Mientras el mundo entero hablaba de cambios históricos y transiciones, en la pequeña isla caribeña la vida seguía su curso, a pesar de la sorpresa. La noticia llegó bien temprano a la mañana. Los más madrugadores se enteraron por el diario del Partido Comunista Granma y el resto por la televisión y la radio. Las palabras de Fidel Castro resonaban a lo largo y a lo ancho de la isla: “No aspiraré ni aceptaré –repito–, no aspiraré ni aceptaré el cargo de presidente del Consejo de Estado y comandante en jefe”. Eso fue todo. No hubo comentarios del gobierno ni manifestaciones populares. En la calle reinaba un clima de aceptación, de naturalidad. Pero también de tristeza. “El hombre que lideró la Revolución durante 49 años dio un paso al costado. Eso, aunque no signifique grandes cambios, es histórico”, aseguró un joven cubano, que se colaba en un café para mirar el último boletín del noticiero oficial.
El anuncio del líder cubano llegó cinco días antes de que la nueva Asamblea Nacional se reúna para elegir al próximo presidente del país. Desde 1976, cuando se aprobó la Constitución Socialista, Castro era la opción obligada. Sus compañeros siempre apoyaron unánimemente su candidatura y, a pesar de su enfermedad, lo volvieron a hacer semanas atrás cuando el dirigente de 81 años ganó nuevamente una banca en la Asamblea Nacional. “Mi deseo fue siempre cumplir el deber hasta el último aliento”, se disculpó ayer Castro en su carta al pueblo cubano (ver aparte). El mandatario –a pesar de delegar el poder en 2006, sigue oficialmente en el cargo– explicó que su salud ya no le permite asumir todas las responsabilidades de un líder de una nación.
En sus últimos editoriales, Castro ya había reconocido que estaba muy débil para encabezar actos públicos o para hacer campaña, e incluso adelantaba su decisión de ayer. “Un verdadero revolucionario debe tener sentido del momento histórico”, había escrito hace unos meses el comandante. Ayer volvió a retomar esta idea en su mensaje y adelantó cuál será su lugar de ahora en más. “Deseo sólo combatir como un soldado de las ideas. Seguiré escribiendo bajo el título ‘Reflexiones del compañero Fidel’”, aseguró. “Tal vez mi voz se escuche. Seré cuidadoso”, agregó.
Las palabras de Castro trajeron tranquilidad y tristeza a gran parte de los cubanos. Hacía meses que esperaban una definición. Desde mediados de 2006, cuando Castro anunció al mundo que estaba enfermo y dejaba el poder en manos de su hermano Raúl, la isla ha vivido muchos momentos de incertidumbre. “Se esperaba ya, Fidel está enfermo. El pueblo estaba preparado para esto”, señaló Alejandro, un joven de 25 años que hacía cola para hacer las compras en el centro de La Habana.
Para los que se criaron con Fidel en el gobierno hacía tiempo que se sentía la despedida del líder de la Revolución. “Nos está faltando las reuniones mensuales en la plaza central con los ex combatientes o con los trabajadores. Esa era la forma de hacer política de Fidel, de hacer la Revolución en las calles”, dijo con nostalgia un joven de 30 años que ojeaba el diario Granma por tercera vez en el día. “Raúl es un hombre más mesurado, con menos protagonismo en la sociedad”, agregó.
Otros, en cambio, seguían con la esperanza de volver a los viejos tiempos. Manuel, un cubano de unos 50 años, no tenía vergüenza de reconocer su optimismo ciego ayer en el centro de La Habana. “No me lo esperaba”, dijo intentando contener la emoción. A su lado, Julio le envolvía las papas que había comprado y aprovechaba para colarse en la conversación. “Ha sido una sorpresa, se esperaba que iba a estar hasta la muerte”, señaló.
Pero la sorpresa de algunos no fue suficiente para interrumpir la cotidianeidad de la isla. Ayer millones de cubanos fueron a trabajar como todos los días, las oficinas públicas atendieron como lo hacen habitualmente, los medios hablaron de las elecciones en Pakistán y los records de producción local, y, en La Habana, la estampida de intelectuales que llegaron esta semana por la Feria del Libro acapararon los cafés y el tradicional Malecón. Uno de ellos, el teólogo brasileño de la Liberación y amigo personal de Castro, Frei Betto, les advirtió a los que festejaban en los callos de Florida. “Se ilusiona quien piensa que Cuba será capitalista”, dijo.
Pocas veces gobierno y oposición han coincidido en Cuba. Sin embargo, ayer las organizaciones opositoras de la isla tampoco pronosticaban cambios o, como suele decir el gobierno estadounidense, una transición. “Castro se retira de la posibilidad de ser nombrado de nuevo presidente, pero no ha dicho nada de dejar de seguir siendo primer secretario del Partido Comunista Cubano (PCC)”, señaló a los medios extranjeros la vocera de la opositora Asamblea para Promover la Sociedad Civil (APSC), Martha Beatriz Roque. “Y la Constitución cubana dice que la fuerza superior del Estado y el pueblo es el PCC”, agregó.
Pero, más allá de los formalidades de los cargos, los dirigentes de la oposición no auguran ningún cambio de fondo porque un Castro seguirá en el poder. Ayer nadie dudaba de que el próximo presidente de la isla será Raúl, el hermano menor de Fidel y el hombre que él designó para reemplazarlo cuando tuvo que dejar el poder para operarse. El próximo domingo, la recién elegida Asamblea Nacional deberá presentar candidaturas presidenciales y luego votarlas. Los analistas barajan varios nombres, entre ellos, el vicepresidente Carlos Lage, el canciller y referente del “cambio generacional” Felipe Pérez Roque y el presidente del Parlamento, Ricardo Alarcón.
Estos son los hombres que fueron designados por el mismo Castro para acompañar a su hermano Raúl en el gobierno colegiado interino, que lo sucedió hace 19 meses. “Afortunadamente nuestro proceso cuenta todavía con cuadros de la vieja guardia, junto a otros que eran muy jóvenes cuando se inició la primera etapa de la Revolución”, reafirmó ayer Castro en su mensaje. Pero a pesar de la experiencia de estos dirigentes y de la confianza que se ganaron entre los cubanos y el propio Fidel, ninguno de ellos parece ser el sucesor natural.
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La nave de la revolución sigue en curso
Por Atilio A. Borón *
Página/12, Miércoles, 20 de Febrero de 2008
Si algo hacía falta para ratificar por enésima vez que Fidel es un personaje “histórico universal”, como diría Hegel, y por añadidura uno de los pocos estadistas que quedan en el mundo, lo prueba el fenomenal impacto que tuvo la difusión del mensaje en el cual el líder cubano anunciaba que ni aspiraría ni aceptaría ocupar nuevamente los cargos de presidente del Consejo de Estado y comandante en jefe. Al promediar la tarde, un sencillo recuento en el buscador Google en español e inglés revelaba que ya había cerca de medio millón de páginas referidas a la decisión del gobernante cubano, una cifra absolutamente inalcanzable por cualquier declaración formulada por la inmensa mayoría de los políticos y gobernantes del mundo entero. Por supuesto, esta conmoción mundial sirvió para excitar la imaginación de quienes vieron en este acto el inicio de un proceso de “apertura” en Cuba, vaguísima noción bajo la cual se oculta la precisa ambición de instaurar en la isla un régimen político calcado del modelo norteamericano. Es decir, un bipartidismo en donde quien recauda más fondos gana las elecciones para luego gobernar a favor de sus financistas; o como en Italia, donde gracias a ese modelo puede triunfar un producto del bajo fondo como Berlusconi, de quien la conservadora revista The Economist hace rato viene diciendo que debería estar en la cárcel; o como en España, donde puede hacerlo un político de la época de Torquemada como Rajoy, capaz de agitar los esperpentos mentales que aún hoy oprimen el alma de un amplio sector de la sociedad española sumida en los vapores de la Inquisición.
Entre los exaltados aperturistas figuran prominentemente los tres precandidatos de los Estados Unidos, en una desaforada carrera para ver quién mejor se congracia con los sórdidos personajes que manejan la clientela electoral de Miami. La “esperanza negra” de los progres de América latina y Europa, Barack Obama, dijo que “el día de hoy debería marcar el fin de una era tenebrosa en Cuba”. Y confirmando que en materia de política exterior las diferencias ya ni siquiera son de retórica, para no hablar de sustancia, Hillary Clinton celebró el fin de 58 años (¡sic!) de one-man rule en Cuba y en un alarde de sensatez aconsejó a los cubanos a que se inspiraran en las ejemplares “lecciones aportadas por las recientes elecciones en Pakistán y la declaración de la independencia (léase: secesión) de Kosovo”. John McCain, para no desentonar en esta grotesca cacofonía de disparates, declaró que “Estados Unidos puede y debe acelerar el encendido de la chispa de la libertad en Cuba”, seguramente como tan felizmente lo hiciera en Irak y Afganistán.
No sorprende, por lo tanto, que la nave de la Revolución Cubana siga su curso impertérrita ante tantos dislates; o que su institucionalidad le haya permitido absorber sin sobresalto alguno la salida de Fidel del gobierno y su reemplazo por Raúl y que aquél pueda regresar ahora para dedicarse, con el empeño que pone en todos sus actos y la sabiduría adquirida a lo largo de los años, a librar la crucial “batalla de ideas” que tanto necesita no sólo nuestra región sino también una humanidad cuya supervivencia, según Noam Chomsky, se encuentra seriamente amenazada por una catástrofe capaz de poner fin a toda forma de vida en nuestro planeta.
* Politólogo.
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Una ética inquebrantable
Por Néstor Kohan *
Página/12, Miércoles, 20 de Febrero de 2008
Sentimos un poquito de tristeza, ¿por qué no admitirlo? Sin embargo, como alguna vez dijo Julio Antonio Mella, todo tiempo futuro tiene que ser mejor. Fidel está enfermo y renuncia. Decisión lúcida y sabia, como siempre. No huye en helicóptero, como el patético presidente argentino Fernando de la Rúa, derribado por su pueblo en rebelión en diciembre del 2001. No se tiene que ir acusado de corrupción, enriquecido y millonario pero escupido por el pueblo, como tantos otros. No termina escapando en lo oscuro de la noche como los dictadores latinoamericanos, protegidos por el Pentágono y la CIA, con el traje manchado de sangre y los bolsillos llenos de dólares.
Fidel no se rinde. No se arrodilla. No implora clemencia. No se degrada ni se deteriora. Simplemente toma la decisión de renunciar por limitaciones de salud, pero conservando intacto su prestigio político, el cariño y el consenso de su pueblo y la admiración de numerosos pueblos del mundo. Si tuviéramos que sintetizar el núcleo de su pensamiento político creemos no equivocarnos si lo ubicamos en la ética. El marxismo de Fidel –como el de su entrañable hermano argentino, Ernesto “Che” Guevara– ha sido y es un marxismo eticista y culturalista. La clave de la historia humana no está en el desarrollo de las fuerzas productivas sino en los valores y la cultura. En todo caso, las principales fuerzas productivas de la historia han sido las fuerzas morales. La Revolución Cubana no se derrumbó, aun sin comida, dinero ni petróleo, debido a los valores, la ética y la cultura.
La “batalla de las ideas” con la que insiste Fidel es otro nombre para lo que Antonio Gramsci ha denominado la lucha por la hegemonía. Todo el pensamiento político de Fidel, su práctica revolucionaria al frente de Cuba durante tanto tiempo, sus discursos y sus escritos han sido una prolongada y larga marcha por la hegemonía socialista.
En esa batalla de las ideas y los valores, la ética ha jugado un papel fundamental. Ya de jovencito, muchos años antes de iniciar la guerra revolucionaria en Cuba, el joven Fidel lo había resumido con una sentencia fenomenal: “el verdadero ser humano no pregunta de qué lado se vive mejor sino de qué lado está el deber”. Ese es, a nuestro juicio, el núcleo de fuego que ha recorrido como un hilo rojo todo el pensamiento de Fidel a lo largo de décadas.
¿Fue distinto el marxismo del Che? ¿Guevara no planteó que la mayor satisfacción posible para una persona revolucionaria no reside jamás en la búsqueda de dinero sino en sentirse pleno y feliz por haber cumplido con el deber social? ¿Quién influyó en quién? ¿El Che en Fidel o Fidel en el Che? Probablemente haya habido una influencia mutua y recíproca. Y en el medio de ambos, la ética de José Martí, el rechazo al “hombre mediocre” de José Ingenieros, el humanismo socialista, todos entretejidos en la perspectiva revolucionaria del viejo Carlitos Marx y su joven continuador, nuestro amigo Lenin. Eso ha sido Fidel. Ese es Fidel.
La mejor solidaridad con Cuba, con su pueblo, con el futuro del socialismo y con Fidel, sigue siendo la lucha popular. Una lucha contra el capitalismo y por el socialismo que no tiene fronteras. “El deber de todo revolucionario es hacer la revolución.” Esa es la enseñanza que nos deja Fidel con su ejemplo de vida. ¡Una vida entera dedicada a la revolución! Cuánta razón tenía también Fidel cuando nos dijo: “nuestro campo de batalla abarca todo el mundo”. ¡Qué impactante actualidad!
A la larga, esta noticia dejará de ocupar la atención. Lo que permanecerá, a largo plazo, son las enseñanzas de Fidel. Las banderas de su pensamiento político rebelde y su ética revolucionaria inquebrantable. Esa misma que le permitió mantenerse de pie, sin trastabillar, durante medio siglo frente a la potencia más poderosa de la Tierra y de la historia.
Continuar, hoy y en el futuro, las enseñanzas de Fidel y del Che. Ese es el gran desafío para las nuevas generaciones. Dentro de Cuba pero también en toda América latina.
* Coordinador de la cátedra “Che Guevara - Colectivo Amauta” de Argentina, docente e investigador de la UBA y autor del libro Fidel para principiantes.
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Cambios que empezaron en silencio
SEGUN LOS EXPERTOS, HAY UN ESPACIO PARA LA RENOVACION EN CUBA
Tres analistas coinciden en subrayar que EE.UU. se verá imposibilitado para realizar un movimiento dañiño contra la isla.
Por Mercedes López San Miguel
Página/12, Miércoles, 20 de Febrero de 2008
Cuba sin Fidel fue una idea temida por unos y añorada por otros. Hoy la transición ya es un hecho, pero ésta comenzó a esbozarse luego de que el comandante de la revolución delegara el poder en su hermano Raúl Castro, en julio de 2006. Lo cierto es que los hombres que hacen la política en la isla no sólo pertenecen a la generación de los Castro: existe una renovación generacional en figuras como el vicepresidente Carlos Lage y el canciller Felipe Roque Pérez. En este escenario, los analistas consultados por Página/12 no prevén cambios abruptos en Cuba, pero sí graduales, y subrayan que Estados Unidos no está en condiciones geopolíticas de perjudicar aún más a ese país.
Nada excepcional ha ocurrido en este año y medio de traspaso de mando. Y, sin embargo, han habido señales de renovación. Para Julio Gambina, el sistema institucional cubano viene habilitando a la joven generación y subraya la presencia de estos actuantes en la gestión estatal. “Los hombres que están jugando hoy en la política cubana han renovado la economía, la política, la cultura: hay una cantidad de gente que tiene visibilidad hacia el interior de Cuba.” Gambina, presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, subraya a este diario que Fidel quería generar una transición consensuada con su pueblo. “En diciembre escribió una carta sobre los grandes méritos de las nuevas generaciones. Ahora ratificó enfáticamente que no va aspirar ni aceptar la nominación a la presidencia porque no está en condiciones de entregarse al pueblo. Mi sensación es que ha logrado en este tiempo estabilidad y se ha abierto la política a nuevos políticos.”
Luiz Alberto Moniz Bandeira, autor del libro De Martí a Fidel. La Revolución Cubana y América Latina (Ed. Norma), coincide en señalar que la sucesión de Castro ya había empezado silenciosamente y nadie se dio cuenta. “El poder había pasado para una nueva generación de dirigentes. El comandante Raúl Castro, juntamente con Ricardo Alarcón (presidente de la Asamblea Nacional), Carlos Lage (vicepresidente) y Felipe Pérez Roque ya detienen el mando de Cuba hace mucho tiempo.”
Por su parte, el historiador Mario Rapoport agrega que a corto plazo no es esperable un cambio en La Habana y su mayor obstáculo, EE.UU., no está en situación de hacer un movimiento pernicioso. “Favorece que el gobierno de Estados Unidos esté en una situación de impasse y de crisis económica, por tanto no está en condiciones de intervenir.” Sin embargo, advierte que el panorama es más incierto a largo plazo. “Todo depende de cómo evolucionan el gobierno cubano y la situación internacional.” Gambina destaca que lo que seguramente Washington lea como “debilidad” es en verdad la fortaleza de Cuba. “Es de subrayar el consenso de la población cubana: Fidel esté liderando, pero no desde la primera magistratura y eso es una muestra de la solidez del sistema.”
Moniz Bandeira explica por qué el actual gobierno republicano no intervendrá en la isla. “No puede hacer ningún movimiento distinto al que hizo hasta ahora, sin resultado. La tradición nacionalista se ha desarrollado en Cuba, a lo largo de un siglo, y fue ampliado por la revolución de Castro. La ambición de escapar del tipo de tutela norteamericana impuesta por la Enmienda Platt de 1902, que permitía la intervención de Estados Unidos, marcó el espíritu del pueblo cubano.”
Gambina subraya que Cuba si no avanza más en los cambios económicos es debido al bloqueo norteamericano. “Está cambiando la economía. Con Venezuela viene impulsando el ALBA –contrapartida del ALCA– y ha modificado la política energética. En los últimos años, la economía cubana crece: primero consolidó logros como orientación de servicios sociales. Sin ser un país petrolero, ha avanzado en el camino del turismo, y la diversificación productiva y de servicios, en profunda renovación. No es la Cuba de hace veinte años.”
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Todavía Líder Máximo
Por Gabriel Puricelli *
Página/12, Miércoles, 20 de Febrero de 2008
Hay un título al que Fidel Castro Ruz no renunció ayer y es el de Líder Máximo. Cuando declinó ser confirmado por la Asamblea Nacional del Poder Popular para sus posiciones de presidente del Consejo de Estado (que ejerce desde 1976) y de comandante en jefe (desde 1959), el revolucionario convaleciente dio el segundo paso de una transición que una enfermedad inesperada le ha consentido dirigir hasta el momento. Porque así como se ha visto obligado a abandonar el día a día de la administración gubernamental, Castro ha logrado preservar el timón del largo plazo y la capacidad de modelar el futuro (así sea el más inmediato), indicando derroteros y ordenando un proceso de transición cuya estación de llegada (¿el gobierno colegiado?, ¿el fin del unipartidismo?) no se puede adivinar hoy y que tal vez sea la única incógnita en el diseño que el inminente ex jefe de Estado está desplegando, que él mismo no pueda despejar.
La renuncia del anciano ex guerrillero pone en escena una vez más la herida narcisista de la que no logran recuperarse los EE.UU. desde el derrocamiento de ese títere de la mafia que fue Fulgencio Batista y que la gran potencia terminó de asumir como propio, presa de la obsesión de los hermanos Kennedy por asesinar a Castro. En efecto, en medio de las primarias de los partidos estadounidenses, las noticias de La Habana obligaron a todos a pronunciarse, con uniforme y previsible anticastrismo, poniendo en el centro del debate público la situación de un país que dejó de constituir una amenaza a la seguridad nacional de ese país el día, hace 45 años, en que Nikita Khruschev detuvo la instalación de los misiles soviéticos. Los más obcecados partidarios estadounidenses del realismo en política internacional se toman un recreo freudiano para definir sus posiciones respecto de la cuestión cubana. Esos reflejos traducidos en comunicados de las campañas de Barack Obama, Hillary Clinton y John McCain no serán seguramente motivo de mayor preocupación para los hermanos Castro, que (repartiéndose en esta cuestión los roles de policía bueno y de policía malo) ven con aplomo cómo se alinean lentamente las fuerzas políticas y sociales que van a arrumbar más temprano que tarde el bloqueo irracional e ilegal que le han impuesto a Cuba con la Guerra Fría como mero pretexto.
Esa tendencia inexorable, traducida en los cada vez más frecuentes viajes a la isla de legisladores demócratas y republicanos y en el lobby cada vez más intenso de sectores empresarios de los EE.UU., es el telón de fondo de la cuidada coreografía que tuvo ayer un pico dramático. Estudiosos de la transición vietnamita, los hermanos Castro saben que si la dirección de Hanoi pudo empezar a resignar el monopolio del Partido Comunista es porque fue capaz de enmendar la relación de hermanos-enemigos que había desarrollado con China: para seguir teniendo legitimidad en condiciones de mayor competencia política era necesario dar un salto en el desarrollo económico que sólo se hacía posible aprovechando creativamente las nuevas coordenadas geopolíticas asiáticas. Parece haber una resonancia de esa música en esta partitura que, resignando todos los títulos menos uno, el Líder Máximo sigue dirigiendo.
* Consejero directivo, Facultad de Ciencias Sociales, UBA.
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Salud!

Astenersi perditempo

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